Realmente el cannabis no es una droga de diseño o de síntesis, pero la popularidad de la que goza entre algunos sectores y la preocupación que despierta entre los padres/madres y educadores, nos lleva a incluirla en esta página.
El cannabis o planta del cáñamo debe sus efectos fundamentalmente a la acción de una sustancia psicoactiva conocida como THC (delta-9-tetrahidrocannabinol). Se consume normalmente en forma de marihuana (mezcla de flores secas y yemas), y de hachis (resina). La marihuana contiene aproximadamente un 5% de THC, y el hachis puede contener entre un 5% y un 10%. Aunque puede consumirse por vía oral, la forma más extendida es mezclado con tabaco y fumado, lo que popularmente se conoce como "porro". Un porro contiene de 2 a 10 mg de THC, aunque 1’5 mg es cantidad suficiente para que una persona de 75 Kg de peso note sus efectos. Pero no en todas las personas se manifiesta de la misma manera, ya que desempeña un papel importante la situación y la circunstancia en que se consuma, así como las características del individuo en concreto. Se pueden producir reacciones de euforia y tranquilidad en unos individuos (la mayoría), o inquietud, agitación y vómitos en otros. Con frecuencia las reacciones conscientes más negativas desaparecen tras los primeros porros. El THC es una sustancia difícil de eliminar y permanece durante bastante tiempo en el organismo. Un mes después de su consumo aun puede detectarse en los análisis.
En Europa el consumo de hachis y marihuana se popularizó, cómo no, a finales de la década de los ‘60 junto a tantas otras sustancias. Se trata, sin lugar a dudas, de una de las drogas más consumidas por la juventud española actual después del alcohol. Entre algunos movimientos tribales, el porro y todo el protocolo que conlleva el comprar la "china", los papelillos, calentarlo con el encendedor y liarlo, se ha convertido en una especie de ceremonia en la que el "canuto" se va pasando de "colega" a "colega". El porro continua siendo una especie de cuestión reivindicativa, y la hoja del cáñamo es ya un anagrama de rebeldía estampado en chapas, adhesivos y camisetas acompañado de frases alusivas en todos los idiomas. Se ha presentado siempre como una "droga blanda", incluso menos perjudicial que el alcohol o el tabaco. Par sus defensores el cannabis es un mártir de la intolerancia. Y lo cierto es que sus efectos no son comparables a los de otras drogas como la heroína, la cocaina, el crack y otras, pero de ahí a considerarla inocua va un abismo. Sabemos que el porro no sólo es más nocivo que el tabaco, ya que además el hachis se fuma mezclado con tabaco, sino que además los estudios realizados demuestran que sus productos de combustión son de por sí solos más carcinogénicos que los de un cigarrillo normal. Y también sabemos que el 100% de los jóvenes enganchados a diversas drogas, y especialmente a la heroína, comenzaron su andadura con el cannabis. Y es cierto que no provoca ni las muertes ni los accidentes que provoca el alcohol, pero ésto es así gracias a que su tráfico está perseguido y su consumo muy poco extendido en términos comparativos. Por cada adolescente que se fuma un porro hay siete que se emborrachan. Considero muy acertada la reflexión que los doctores Flórez, Armijo y Mediavilla hacen en su libro, esencial para las universidades de medicina: "Si la marihuana gozara de las mismas oportunidades de promoción y venta que el alcohol, provocaría desastres no menores que los que éste produce" ("Farmacología Humana", pág 431. Op cit...). Incluso entre los pocos médicos o farmaceúticos que señalan al cannabis como estimulante de la creatividad y cosas por el estilo, se reconoce también su peligrosidad. Así, por ejemplo, el Presidente del Colegio de Farmaceúticos de Jaén: Rafael Muñoz, quien ha llegado a decir que con el consumo de canna-bis "el hombre llega a conseguir el éxtasis u orgasmo psíquico, y es capaz de llegar a la cuarta dimensión...", reconoce sin embargo que: "Sólo una de cada cien personas lo usa bien y tiene el cerebro equilibrado para consumirlo en determinadas ocasiones" (EL MUNDO. Lunes, 5 de Junio de 1995). Hoy, sólo algunos derivados sintéticos del cannabis se utilizan con fines terapeúticos, y fundamentalmente para estimular el apetito en personas que padecen cancer o SIDA, o para ayudarles a soportar distintas formas de dolor (como analgésico).
Por otro lado, España es en la actualidad uno de los países clave para la entrada de cannabis en Europa, y ya no sólo por la tradicional vía de los países del Magreb, sino también por la americana.
Los efectos buscados en el cannabis y producidos fundamentalmente por el THC, son los siguientes:
Está demostrado que el consumo de marihuana provoca el desarrollo de tolerancia hacia muchos de sus efectos, es decir, que el consumidor necesita ir subiendo la dosis para notar los mismos efectos. Existe, así mismo, una dependencia psíquica de la sustancia. La dependencia física es sin embargo muy baja, aunque en ocasiones puede producirse un síndrome de abstinencia caracterizado por temblores, naúseas, diarrea, anorexia, insomnio e irritabilidad.
Los principales efectos negativos, a los que no suelen hacer referencia sus defensores, son los siguientes:
Aunque el cannabis no está considerado como una droga dura, los efectos que produce tras el consumo de altas dosis son muy significativos:
Así mismo puede producir trastornos psíquicos graves en personas con antecedentes psicóticos, neuróticos o simplemente esquizofrenicos en sus distintas acepciones.
ASOCIACIÓN PROTEGELES - Jose Echegaray, 8 Edificio 3 - Las Rozas 28230 Madrid, ESPAÑA - Tlf: (0034) 91 740 00 19 - contacto@protegeles.com