La cocaína se ha convertido en una de las drogas más consumidas, traídas y llevadas por todo el mundo. Convertida en producto nacional en algunas zonas del centro y sur de América, exportada y reciclada en crack y otras variantes en Estados Unidos, Canadá y Méjico, está causando también grandes problemas en numerosos países de Europa y comenzando a extenderse por el Este y la naciones del antiguo bloque soviético.
Se trata de un potente estimulante del Sistema Nervioso Central, y vasoconstrictor. También denominada "nieve" o "perico" suele venderse en polvo, en pequeñas bolsitas de un gramo o "papelinas", por un precio que oscila entre las 50 y 60 euros. La forma más corriente de consumo es a través de las fosas nasales "esnifando", aunque también puede consumirse por vía oral, intravenosa o incluso fumada.
Es sin lugar a dudas una de las drogas más antiguas de todas cuantas se conocen, si bien su consumo en polvo es de este siglo y no se popularizó y disparó hasta la década de los ‘80, convirtiéndose en la reina de las fiestas y el mundo "yuppie". Hoy tiene adictos en todos los estratos sociales y entre personas de edades dispares: de entre 18 y 40 años.
Hace 3.000 años que los quechuas del Perú ya masticaban hojas de coca para poder soportar el trabajo a presiones y alturas tan elevadas. Sigmund Freud la recetó y utilizó con fines terapeúticos hasta que se dió cuenta del peligro que entrañaba y la dejó a un lado. Otras muchas personas la consumieron como un ingrediente primigenio de la Coca-Cola hasta 1906, año en que fue prohibida.
Hoy, el número de consumidores de cocaina en polvo crece preocupantemente, y se calcula que más de un 3% de la población española la ha probado. La edad de inicio en nuestro país se situa ya por debajo de los 20 años.
España es el gran receptor europeo de cocaína. La mayor parte de la que se distribuye en el continente entra por nuestras costas.
La acción y los efectos de la cocaina son bastante rápidos. A los cinco minutos de haberse esnifado comienza un estado de euforia y el individuo se "acelera". El sentimiento más predominante es el de grandiosidad. A los 10-20 minutos se llega al punto máximo y al cabo de una hora el efecto ha desaparecido casi por completo. La cocaina actúa como un estimulante de efectos similares a los producidos por el éxtasis, pero no desarrolla el componente de sociabilidad y comunión con el resto.
La capacidad para crear dependencia física aun es un tema de discusión y debate. Por otro lado, su capacidad para crear tanto tolerancia como adicción psíquica son, sin embargo, hechos aceptados.
Los efectos conscientes de la cocaína duran poco, y sus consumidores desarrollan pronto una tolerancia que les lleva a duplicar y triplicar la cantidad administrada en una hora. Es decir, si al principio con el efecto de una "rayita" se mantenían eufóricos durante una hora, con la costumbre se llega a necesitar tres. El síndrome de abstinencia que provoca puede durar meses y consiste en depresión, insomnio, irritabilidad, ansiedad, anorexia... y requiere psicoterapia.
Los adictos a la cocaína tardan tiempo en tomar conciencia de su condición y pedir ayuda. En los últimos años se ha producido un aumento del 1000% en el número de personas que acuden a centros de atención al toxicómano para desengancharse de la cocaína.
Los efectos negativos más frecuentes tras el consumo de cocaína son los siguientes:
La cocaína también actúa sobre la dopamina, destruyendo las vías cerebrales dopaminérgicas. Por otro lado, el aumento de la presión arterial se debe a que la cocaína es un vasoconstrictor que obstruye los vasos sanguíneos del cerebro perturbando la circulación de la sangre y volviéndola más viscosa. El dibujo de la página anterior representa el cerebro del consumidor de cocaína, analizado por un Tomógrafo de Emisión de Positrones -TEP-. El mecanismo es bastante sencillo: Primero se inyecta una cantidad de glucosa radiactiva en la sangre del sujeto, tras lo cual se puede observar entonces con el tomógrafo la distribución de la sangre en el cerebro. A continuación se provoca un estímulo en el individuo o se le administra una droga (cocaína en este caso), y se observan las modificaciones que se van produciendo en el flujo sanguíneo de su cerebro, determinando incluso qué zonas están trabajando con mayor intensidad y que zonas no. Como el cerebro consume glucosa, sabemos que las zonas en las que se esté viendo una mayor concentración de glucosa radiactiva serán las zonas más activas en esos momentos.
En nuestro país, a finales de los ‘80 se empezaron a registrar los primeros ataques epilépticos a causa del consumo de esta droga, así como las primeras hospitalizaciones en los servicios de urgencias.
A dosis altas la cocaína produce los siguientes efectos en el organismo del consumidor:
Tal y como se ha producido en ocasiones, dosis altas de cocaína pueden provocar la muerte. En el 20% de los fallecimientos producidos entre drogadictos en España, se detectó la presencia de cocaína en los análisis de orina.
Y por último señalar que existe una dependencia cruzada entre la cocaína y el éxtasis, es decir, que cuando se está desarollando tolerancia hacia una de las dos sustancias se está desarrollando hacia la otra, y se va haciendo necesario para el consumidor subir la dosis de ambas para notar sus efectos.
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